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Jun 25, 2007

Tribeca x 4: Alvaro Covacevich


Durante el 6º Festival de Cine de Tribeca tuve el placer y honor de entrevistar a algunos de los cineastas, actores, productores y ejecutivos del festival. A continuación, un extracto de la entrevista con Alvaro Covacevich, director y escritor de Morir Un Poco (To Die A Little).

During the 6th Tribeca Film Festival I had the pleasure and honor of interviewing some of the filmmakers, actors, producers and festival executives. Next there is an excerpt from the interview with Alvaro Covacevich, director and writer of Morir Un Poco (To Die A Little).

Pablo Goldbarg:
¿Considerás a tu película como un desaparecido más de la dictadura?

Alvaro Covacevich: Yo tuve, desgraciadamente, dos desaparecidos. Un hijo mío, que apareció después, y esta película, junto con otro material mío, que desapareció por mucho tiempo, porque los militares destruyeron no solo películas, también libros. Es clásica la escena, que ya parece como inventada, de los nazis quemando libros, y yo tengo filmado en una de mis películas a los militares quemando libros en Santiago, los libros marxistas… pero eso existe y eso es verdad. Tenían orden de hacer desaparecer todo lo que tenga que ver con la cultura. Hay una anécdota de cuando fue allanada mi casa, por la cual fui bastante maltratado y perseguido. Es por el teniente que condujo la patrulla que allanó mi casa. Yo siempre he tenido gran afición por el arte, para mi el arte ha sido un soporte muy grande dentro del cine, como lo fue para Visconti, como lo fue para muchos personajes del cine que se han apoyado mucho en la parte estética del arte, para de ahí empezar su idea. Entonces yo siempre he tenido grandes colecciones de libros, y he tenido una gran colección de arte cubista, que me interesa bastante. Entonces una de las razones por las cuales fui maltratado y detenido, que se aclaró después, fue que el oficial dijo que yo era pro Cubano… porque tenía mucho arte Cubista (risas). Finalmente parece que alguien del otro lado preguntó si era que hablaban de Fidel. “No, aquí hay muchos libros de unos nombres raros de cosas” (risas). Eso te da una idea de la ignorancia, agresiva además, porque por eso te podían matar. Si no hubiera habido respuesta del otro lado, a lo mejor decían “Bueno, fusílenlo, este es un pro Cubano, tiene su casa llena de panfletos y documentos pro Cubanos…”, y en realidad eran los mejores libros de arte cubista que yo había reunido en veinte años.

P.G.: ¿Cambia la forma de hacer cine después de esta desaparición?

A.C.: Y
o creo que yo nunca quise estar como quien dice “encajonado” en una línea de cine. Incluso me rebelé bastante sobre eso. La película que yo hago inmediatamente después de Morir Un Poco (1967) es una pelicula que no tiene nada que ver con este tema. Retomo una historia que sucedió en Holanda, de una serie de jóvenes de la época del hippismo, intentan reunirse y tartar de vivir en comunidades, y lo primero que hacen es pintar sus bicicletas blancas, para que donde las dejen, cualquiera las pueda usar. Y con ese principio se empieza un movimiento, y ocurrió realmente, y yo desarrollé esa idea en Chile, tomando un poco y apoyándome en esta especie de movimiento del hippismo y estas sociedades comunitarias. Y hago la película sobre ese tema, nada más que yo continúo las bicicletas blancas con autos blancos, con monumentos blancos, con casas blancas, y entonces ahi interviene el Congreso, la política, la policía y destruye el movimiento que es la anarquia total. Entonces sí caigo en el tema político, pero en otro esquema. Esa película se llama New Love, o La Revolución de las Flores (1968). Es una sátira a este movimiento y lo que significó, porque en el fondo todos estos muchachos que empiezan protestando contra el establishment y contra la producción masiva de bienes de consumo. Ellos hacen sus propias cosas con las manos, sus collarcitos, sus cosas, pero tienen tanto éxito que finalmente empiezan a vender millones y tienen que tomar contadores, auditores, gerentes, supervisores, y terminan en lo mismo que están discutiendo.

P.G.: ¿Cuándo es tu exilio, y cómo se vive siendo artista en ese exilio?

A.C.: Bueno, yo creo que es muy difícil. En primer lugar porque no es lo mismo que tu decidas venir a estudiar a Nueva York o a trabajar, que estemos los dos como estamos ahora, a que venga una patrulla y te detenga. Yo estuve doce meses proscripto en la Embajada de México que nos acogió. No podíamos salir, estábamos aislados de la familia. Y de la noche a la mañana tu amaneces, como me pasó a mi, despiertas y hay una “polleta” colgando del techo de un hotelito muy digno, pero refugiado en un país que era muy extraño para mi.Debo recordarte que el castigo mas grande que ha existido—lo toma Shakespeare y sus diversas obras, también los Griegos--y se infligía a un hombre no era matarlo: era exiliarlo. Porque es muy difícil estar fuera de tu país y no poder volver. No es una decisión tuya: me voy a vivir a Argentina, o me voy a vivir a Francia y vuelvo cuando quiera. Pero esto de que te toman como una pieza de algo y te depositan en algún lugar donde tu no te puedes mover de ahí realmente a tu patria… eso es muy triste. Porque la gente dice “qué es la patria?”. Porque todos somos revolucionarios… en New Love hay una escena donde se queman los pasaportes, se queman los papeles, toda identidad, nacionalidad, propiedad de un país, como una protesta, y realmente uno sí que pertenece a los países. A ti no se te va a quitar nunca la manera de hablar de Argentino jamás ni a mi la de Chileno, y eso se va a arrastrar a tus nietos, que van a hablar de ti como ese personaje que oyeron distinto al resto que oyeron en su vida. Hay una frase maravillosa que dice “La patria es el pais de la infancia”; lo dice Gabriela Mistral. Es cierto, y es lo que más me acuerdo. Y mi exilio duró dieciocho años sin poder volver a mi país, y finalmente me quedé viviendo en México hasta ahora… son treinta años, entre exilio obligado y exilio aceptado por mi mismo. Es difícil porque es un enfoque en el cual tu no perteneces nunca a ese país. Yo tengo nietos Mexicanos, y sin embargo yo siento que yo sigo siendo extranjero… en America Latina. Yo creo que ese fenomeno no existe aquí en Nueva York. No se entiende ese concepto, pero sí en algunas generaciones, tus abuelos por ejemplo si vinieron para acá todavía lo deben sentir.

P.G.: La película reaparece en el 2006…

A.C.: La película desapareció entera. Se destruyó todo el material, junto con otro material mío, junto con otras películas. Habían unos documentales bien interesantes que yo había hecho en el Amazonas con cientificos de Naciones Unidas y antropólogos, para detectar una comunidad que nunca había tenido contacto con el ser civilizado. Mucho material se rompió, se perdió, gran colección de arte se la robaron en
Chile… y bueno, Morir Un Poco desaparece, y yo la empecé a rastrear por años. Ofrecí un premio incluso en Chile, porque esta película tuvo un éxito impresionante. ¿Por qué ese exito? A lo mejor fue un espejo. Y hoy día es el mismo espejo, manchado, borrado, pero el mismo. Hay ciertas imágenes desvanecidas pero eso es parte del valor de la película en si misma. Como no va a haber una caseta (sala) donde se dió la película, en un pueblecito donde haya quedado una copia abandonada. No, los militares arrasaron todo. Había que destruir esta película. Era una forma de mostrar algo que ellos deberían estar obligados a hacer y que no lo iban a hacer nunca por el pueblo, eso era evidente. Y no sólo este material: libros, pinturas, todo lo que representara cualquier cosa de este tipo. Y mandé un hijo a buscarla a Alemania, y de repente apareció una voz de alguien… y apareció el tambor de esta versión que ustedes han visto, que es el único material que existe. Yo he estado recuperando otras cosas, pedazos que estoy tratando de juntar y restaurar. Es un trabajo lento y pesado, fotograma por fotograma, pero se puede hacer.


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